25.7.07
19.7.07
Mares y montes lunares

Esta llamativa imagen de la luna en cuarto menguante fue registrada con un telescopio de 24 pulgadas y una cámara digital. Maravillosamente detallada, especialmente a lo largo del "terminador" o línea de sombra entre la noche y el día lunares, esta versión recortada de la imagen completa muestra la región polar del norte con sus cráteres y el suave y vasto Mare Imbrium.Desde el renacimiento, los telescopios han revelado numerosos detalles de la superficie lunar, y las naves espaciales han contribuido en enorme medida a este conocimiento. Entre los accidentes orográficos se encuentran cráteres, cadenas de montañas, llanuras o mares, fracturas, cimas, fisuras lunares y radios o "rayos".
LOS CUENTOS DE EVA LUNA ISABEL ALLENDE
27: Librodot Cuentos de Eva Luna Isabel Allende 27 del asunto. La vio aparecer en su puerta y por la forma en que dejó caer su bulto ante el mostrador se dio cuenta al punto de que no estaba de paso, esa muchacha venía a quedarse. Era muy joven, morena y de baja estatura, con una mata compacta de pelo crespo desteñido por el sol, donde parecía no haber entrado un peine en mucho tiempo. Como siempre hacía con los visitantes, Riad Halabí le ofreció a Concha una silla y un refresco de piña y se dispuso a escuchar el recuento de sus aventuras o sus desgracias, pero la muchacha hablaba poco, se limitaba a sonarse la nariz con los dedos, la vista clavada en el suelo, las lágrimas cayéndole sin apuro por las mejillas y una retahíla de reproches brotándole entre los dientes. Por fin el árabe logró entenderle que quería ver a Tomás Vargas y mandó a buscarlo a la taberna. Lo esperó en la puerta y apenas lo tuvo por delante lo cogió por un brazo y lo encaró con la forastera, sin darle tiempo de reponerse del susto. –La joven dice que el bebé es tuyo –dijo Riad Halabí con ese tono suave que usaba cuando estaba indignado. –Eso no se puede probar, turco. Siempre se sabe quién es la madre, pero del padre nunca hay seguridad –replicó el otro confundido, pero con ánimo suficiente para esbozar un guiño de picardía que nadie apreció. Esta vez la mujer se echó a llorar con entusiasmo, mascullando que no habría viajado de tan lejos si no supiera quién era el padre. Riad Halabí le dijo a Vargas que si no le daba vergüenza, tenía edad para ser abuelo de la muchacha, y si pensaba que otra vez el pueblo iba a sacar la cara por sus pecados estaba en un error, qué se había imaginado, pero cuando el llanto de la joven fue en aumento, agregó lo que todos sabían que diría. –Está bien, niña, cálmate. Puedes quedarte en mi casa por un tiempo, al menos hasta el nacimiento de la criatura. Concha Díaz comenzó a sollozar más fuerte y manifestó que no viviría en ninguna parte, sólo con Tomás Vargas, porque para eso había venido. El aire se detuvo en el almacén, se hizo un silencio muy largo, sólo se oían los ventiladores en el techo y el moquilleo de la mujer, sin que nadie se atreviera a decirle que el viejo era casado y tenía seis chiquillos. Por fin Vargas cogió el bulto de la viajera y la ayudó a ponerse de pie. –Muy bien, Conchita, si eso es lo que quieres, no hay más que hablar. Nos vamos para mi casa ahora mismo –dijo. Así fue como al volver de su trabajo Antonia Sierra encontró a otra mujer descansando en su hamaca y por primera vez el orgullo no le alcanzó para disimular sus sentimientos. Sus insultos rodaron por la calle principal y el eco llegó hasta la plaza y se metió en todas las casas, anunciando que Concha Díaz era una rata inmunda y que Antonia Sierra le haría la vida imposible hasta devolverla al arroyo de donde nunca debió salir, que si creía que sus hijos iban a vivir bajo el mismo techo con una rabipelada se llevaría una sorpresa, porque ella no era ninguna palurda, y a su marido más le valía andarse con cuidado, porque ella había aguantado mucho sufrimiento y mucha decepción, todo en nombre de sus hijos, pobres inocentes, pero ya estaba bueno, ahora todos iban a ver quién era Antonia Sierra. La rabieta le duró una semana, al cabo de la cual los gritos se tornaron en un continuo murmullo y perdió el último vestigio de su belleza, ya no le quedaba ni la manera de caminar, se arrastraba como una perra apaleada. Los vecinos intentaron explicarle que todo ese lío no era culpa de Concha, sino de Vargas, pero ella no estaba dispuesta a escuchar consejos de templanza o de justicia. La vida en el rancho de esa familia nunca había sido agradable, pero con la llegada de la concubina se convirtió en un tormento sin tregua. Antonia pasaba las noches acurrucada en la cama de sus hijos, escupiendo maldiciones, mientras al lado roncaba su marido abrazado a la muchacha. Apenas asomaba el sol Antonia debía levantarse, preparar el café y amasar las arepas, mandar a los chiquillos a la escuela, cuidar el huerto, cocinar para los policías, lavar y planchar. Se ocupaba de todas esas tareas como una autómata, mientras del alma le destilaba 27 Librodot
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Poder Motriz: El Ingrediente Final
Karl Jath y varios otros, en diferentes países, trataron de utilizar un motor para volar. Pero fracasaron en su intento, y se dieron por vencidos.
Los hermanos Wright
Dos norteamericanos, Orville y Wilbur Wright, tenían helicópteros de juguete cuando eran niños. Les encantaba hacerlos volar.
Presiona la figura ¡y veras al juguete dar vueltas!
La Compañía Ciclo Wright
Los hermanos Wright comenzaron a volar planeadores cerca de Kitty Hawk, en Carolina del Norte.
Un planeador
Probaron sus planeadores una y otra vez.
Planeando
¡Despegando!
Después agregaron un motor, una hélice, y un piloto, y lograron volar por cerca de un minuto. ¡Fueron los primeros en poder volar con un motor!
Los hermanos WrightDos norteamericanos, Orville y Wilbur Wright, tenían helicópteros de juguete cuando eran niños. Les encantaba hacerlos volar.
Presiona la figura ¡y veras al juguete dar vueltas!Los hermanos Wright eran dueños de un taller de bicicletas.
La Compañía Ciclo Wright Los hermanos Wright comenzaron a volar planeadores cerca de Kitty Hawk, en Carolina del Norte.
Un planeador Probaron sus planeadores una y otra vez.
Planeando
¡Despegando! Después agregaron un motor, una hélice, y un piloto, y lograron volar por cerca de un minuto. ¡Fueron los primeros en poder volar con un motor!
11.7.07
Grieta en la Luna

Las grietas o hendiduras en la Luna, descubiertas por primera vez hace más de 200 años con un pequeño telescopio, aparecen por toda la Luna. Por ahora se conocen tres tipos de rimas: sinuosas, con muchas curvas serpenteantes, arqueadas que forman amplios arcos, y rectas, como la rima Ariadaeus que muestra esta foto. Las grietas lunares se llaman "rimas".Largas grietas similares a la Rima Ariadaeus se extienden cientos de kilómetros. Se cree que las rimas sinuosas son restos de antiguos flujos de lava, pero aún se ignora el origen de las arqueadas y las lineales, que es materia de investigación.Esta grieta lineal fue fotografiada por la tripulación del Apolo 10 en 1969, durante su histórica aproximación a sólo 14 kilómetros de la superficie lunar. Dos meses después, el Apolo 11, que incorporaba mucha de la experiencia obtenida con el Apolo 10, se posó en la Luna.
LOS CUENTOS DE EVA LUNA ISABEL ALLENDE
26: Librodot Cuentos de Eva Luna Isabel Allende 26 EL ORO DE TOMÁS VARGAS Antes de que empezara la pelotera descomunal del progreso, quienes tenían algunos ahorros, los enterraban, era la única forma conocida de guardar dinero, pero más tarde la gente les tomó confianza a los bancos. Cuando hicieron la carretera y fue más fácil llegar en autobús a la ciudad, cambiaron sus monedas de oro y de plata por papeles pintados y los metieron en cajas fuertes, como si fueran tesoros. Tomás Vargas se burlaba de ellos a carcajadas, porque nunca creyó en ese sistema. El tiempo le dio la razón y cuando se acabó el gobierno del Benefactor –que duró como treinta años, según dicenlos billetes no valían nada y muchos terminaron pegados de adorno en las paredes, como infame recordatorio del candor de sus dueños. Mientras todos los demás escribían cartas al nuevo Presidente y a los periódicos para quejarse de la estafa colectiva de las nuevas monedas, Tomás Vargas tenía sus morocotas de oro en un entierro seguro, aunque eso no atenuó sus hábitos de avaro y de pordiosero. Era hombre sin decencia, pedía dinero prestado sin intención de devolverlo, y mantenía a los hijos con hambre y a la mujer en harapos, mientras él usaba sombreros de pelo de guama y fumaba cigarros de caballero. Ni siquiera pagaba la cuota de la escuela, sus seis hijos legítimos se educaron gratis porque la Maestra Inés decidió que mientras ella estuviera en su sano juicio y con fuerzas para trabajar, ningún niño del pueblo se quedaría sin saber leer. La edad no le quitó lo pendenciero, bebedor y mujeriego. Tenía a mucha honra ser el más macho de la región, como pregonaba en la plaza cada vez que la borrachera le hacía perder el entendimiento y anunciar a todo pulmón los nombres de las muchachas que había seducido y de los bastardos que llevaban su sangre. Si fueran a creerle, tuvo como trescientos porque en cada arrebato daba nombres diferentes. Los policías se lo llevaron varias veces y el Teniente en persona le propinó unos cuantos planazos en las nalgas, para ver si se le regeneraba el carácter, pero eso no dio más resultados que las amonestaciones del cura. En verdad sólo respetaba a Riad Halabí, el dueño del almacén, por eso los vecinos recurrían a él cuando sospechaban que se le había pasado la mano con la disipación y estaba zurrando a su mujer o a sus hijos. En esas ocasiones el árabe abandonaba el mostrador con tanta prisa que no se acordaba de cerrar la tienda, y se presentaba, sofocado de disgusto justiciero, a poner orden en el rancho de los Vargas. No tenía necesidad de decir mucho, al viejo le bastaba verlo aparecer para tranquilizarse. Riad Halabí era el único capaz de avergonzar a ese bellaco. Antonia Sierra, la mujer de Vargas, era veintiséis años menor que él. Al llegar a la cuarentena ya estaba muy gastada, casi no le quedaban dientes sanos en la boca y su aguerrido cuerpo de mulata se había deformado por el trabajo, los partos y los abortos; sin embargo aún conservaba la huella de su pasada arrogancia, una manera de caminar con la cabeza bien erguida y la cintura quebrada, un resabio de antigua belleza, un tremendo orgullo que paraba en seco cualquier intento de tenerle lástima. Apenas le alcanzaban las horas para cumplir su día, porque además de atender a sus hijos y ocuparse del huerto y las gallinas ganaba unos pesos cocinando el almuerzo de los policías, lavando ropa ajena y limpiando la escuela. A veces andaba con el cuerpo sembrado de magullones azules y aunque nadie preguntaba, toda Agua Santa sabía de las palizas propinadas por su marido. Sólo Riad Halabí y la Maestra Inés se atrevían a hacerle regalos discretos, buscando excusas para no ofenderla, algo de ropa, alimentos, cuadernos y vitaminas para sus niños. Muchas humillaciones tuvo que soportar Antonia Sierra de su marido, incluso que le impusiera una concubina en su propia casa. Concha Díaz llegó a Agua Santa a bordo de uno de los camiones de la Compañía de Petróleos, tan desconsolada y lamentable como un espectro. El chófer se compadeció al verla descalza en el camino, con su atado a la espalda y su barriga de mujer preñada. Al cruzar la aldea, los camiones se detenían en el almacén, por eso Riad Halabí fue el primero en enterarse 26 Librodot
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